Nunca me he sentido adulto, nunca me imaginé como uno pero creo que hoy he pasado esa línea de la duda y la realidad para etiquetarme como uno. Terminé mi universidad y aunque tuve que hacer cosas por mí mismo nunca me he sentido preparado para eso, el término con el que me sentía ligeramente cómodo era “joven- adulto” el joven en esa frase funcionaba como un “casi”.

Unos meses no sabía qué hacer lo ideal sería buscar trabajo de mi carrera pero nadie nos decía que nos pedían mil años de experiencia para trabajar y muchas de las empresas que piden eso no lo dan.

Mis padres se desesperaban al ver la incertidumbre en mis ojos pero al fin y al cabo entiendo por lo que estaban pasando, su hijo, su bendición tenía potencial para ser un bulto. ¿Quién quiere tener un bulto en su casa y sobretodo uno que come?

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Algunos amigos míos estaban en la misma situación o algunos pretendían estarlo, no sé de donde sacaban la motivación para al fin salir de sus casas o siquiera teclear un portal de empleos y buscar algo no tan malo , “decente” era nuestra palabra para describirlo o el clásico “por mientras”.

Me daban mucho los “Por mientras” eran la forma dulce de decir que necesitaba algo pero no quería hacer eso para conseguirlo porque además no hay un tiempo definido, el por mientras empieza en ese momento y no tiene fecha de fin solo esperas no quedarte por siempre en ese lugar.

Uno de mis amigos entró a trabajar a un call center, ese era mi punto más bajo, entrar a un call-center a vender o escuchar las quejas de gente malhumorada cuando yo literal solo sería un empleado. La única y horrible ventaja que ofrece es que pagan “decente” (otra vez esa palabra). Me dijo que aceptan gente sin experiencia, ellos te capacitan, puedes llevar cabello pintado, tatuajes y no te dicen absolutamente nada mientras hagas tu trabajo.

La angustia de no tener dinero o de escuchar el suspiro de mi padre a la hora de pedirle fue motivación suficiente para pedirle los datos, tracé la ruta, busque en Google la localización incluso las reseñas pero eran demasiado opuestas.

Unas decían que era el mejor lugar para trabajar y otras decían que eran una mierda. Comencé a sentirme ansioso y dejé de leer, tuve que ir a comprar una solicitud de empleo en la papelería, la que me atendió trataba de pretender que solo era una hoja más de ese block pero era obvio que no además el cartel de a lado tenía un señor de traje y letras que decían “Capacitación empresarial México”.

Cuando llegué a casa a mi mamá se le escapó una sonrisa de verme con la solicitud no me preguntó nada e hizo bien. No quería hablar.

Subí a mi cuarto me quedé viendo la solicitud y con lágrimas en los ojos busqué como se llenaba una de esas, me sentía tan pequeño, tenía mucho miedo, me sentía pequeño, no quería ser un adulto pero al parecer hacer cosas que no quieres y con miedo es lo que te hace uno de ellos.